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Reportaje
 

Tráfico internacional de residuos


Durante la década de los años ochenta, la prensa internacional denunció en grandes titulares la existencia de tráfico de residuos peligrosos. Producidos en el mundo más industrializado, estos residuos viajaban hacia los países en vías de desarrollo de África, Asia y América Latina.


Por aquel entonces, la utilización de esos estados como “basureros” de los residuos de los países ricos era una práctica muy corriente. Como en tantas ocasiones, el porqué de todo ello cabe buscarlo sobre todo en motivaciones de tipo económico, aunque no fueran éstas las únicas razones. La adopción de legislaciones cada vez más rígidas y restrictivas en los países industrializados, se traducía en un aumento considerable de los costes de gestión y eliminación de esos residuos y, por tanto, la exportación se convertía en la solución económicamente más atractiva para las industrias del primer mundo, aunque sus consecuencias fueran ambientalmente nefastas para los países receptores.

Cabe citar aquí el caso de las quince mil toneladas de cenizas procedentes de la incineración de las basuras de la ciudad de Filadelfia. Estas cenizas, con una fuerte concentración de dioxina, navegaron durante casi dos años por distintos mares en búsqueda de un lugar donde ser eliminadas. Después de intentarlo en más de catorce países, una parte fue vertida sin autorización en las playas de Bahamas, donde aún se encuentran, y el resto fue a parar al fondo del Océano Pacífico.

Se trataba, por tanto, de una nueva crisis medioambiental que, al igual que la destrucción de la capa de ozono o la lluvia ácida, necesitaba de la cooperación de todos los países para analizarla, comprenderla y resolverla. El resultado fue la adopción, en 1989, del Convenio de Basilea sobre el control de los movimientos transfronterizos de desechos peligrosos y su eliminación, negociado bajo los auspicios del Programa de Naciones Unidas para el Medio .../... Proyectos Químicos. Nº 1.033 / 2001 [Solicite Ejemplar]

 

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